El Ocio Legal
Estaba leyendo acerca del sistema endocannabinoide cuando mi amigo Estevan me presentó una cuestión no menos importante y misteriosa: me habló a whatsapp diciendo que hacía varios días que dejaba tucas en lugares específicos de su patio y desaparecían sin dejar rastro. Debatimos la posibilidad de que hayan sido arrastradas por el viento, comidas por los perros e incluso quizá las fumaba y no podía recordarlo (la pérdida de memoria a corto plazo es común en consumidores). Él negaba toda posible explicación alegando con certeza la existencia de un ente: "un goblin" precisamente, un duende mitológico protector de la naturaleza. En un principio lo absurdo de la idea me dio gracia, pero por la seguridad de su convicción accedí a la pesquisa.
Pasamos la tarde sentados en su patio fumando y tirando tucas en el suelo, debatiendo sobre la posibilidad de acceder a lo absoluto en los sueños o sobre qué tipo de movimiento sería coherente si montamos un peón sobre el caballo en el ajedrez. De repente, por acto de la imaginación o de la pálida, una de las tucas se elevó frente a nosotros y un pequeño ser se manifestó, tenía unos cincuenta centímetros, espalda ancha y extremadamente moreno, la piel de sus manos y pies (y rostro) era áspera y acuchillada, las uñas rotas y sucias, vestía una especie de aljuba corta verdosa y mugrienta, abotonada en la cintura hasta el pecho con alfileres de oro en forma de pájaro. Se movía con habilidad prodigiosa de un lado al otro, estábamos completamente desconcertados, no realizamos movimientos solo lo seguimos con la mirada y esperamos. Se detuvo, y comenzó a recitar con voz ronca y trémula un extraño lenguaje similar al pársel e imprvisó sobre la tierra del patio una especie de símbolos que parecían futhark antiguo y nos hizo una seña cerrando la mano derecha, apretando la yema del dedo pulgar sobre la yema del índice y lo acercó lentamente hacia su boca, fue lo único que claramente pudimos comprender: quería fumar porro.
Abrí mi caja de porro (todo fumador la tiene) con papelillos y filtros, pero los nervios (y acaso el miedo) no me permitían controlar los movimientos, con las manos temblorosas y una gota de sudor en la sien que bajaba lentamente. De repente una risa burlesca rompió el silencio:
-"¡Ja!, armalo tranquilo, no pasa nada", dijo con voz clara y chillona, diferente de la primera.
-"Les estaba tomando el pelo, armá eso que tenemos que conversar sobre ciertas cosas".
Levanté la cabeza frunciendo las cejas, y miré al gnomo a la cara, él sonrió. Giré para ver a mi amigo y con tono serio y tranquilo (disimulando los escalofríos de su espalda) me dijo "armalo rápido, que tengo curiosidad".
Permanecimos callados mientras terminaba de sellar el papelillo con saliva, lo prendí y le di solo una seca (necesitaba lucidez), se lo pasé a Estevan que fumó como si tuviera la certeza de que sería la última vez; y lo pasó. El duendecillo lo terminó de una sola pitada y mientras exhalaba, el humo tomaba formas de estrellas, planetas y galaxias. Y recitó que "el universo se divide en dos partes infinitamente, una material visible y la otra imperceptible por los sentidos, y de no mediar el cuerpo veríamos la eternidad. Aseguró que históricamente nuestros sistemas teológicos y propuestas metafísicas fracasaron porque la inteligencia y el lenguaje son herramientas muy limitadas para comprender las diversas realidades, aunque mostró sorpresa por determinadas deducciones. Siguió diciendo que no deberíamos elevar nuestra calidad de vida a costo del sufrimiento de cualquier especie incluida la nuestra, que no podemos operar sobre las leyes naturales a nuestro antojo hasta no comprender que hay un solo sujeto, anónimo e indivisible y forma parte de cada cosa, desde las escamas de un pez a los elementos del átomo que las componen". Sacó de su chaqueta un cigarro improvisado en hojas secas de color ámbar, mencionó que una pitada nos daría la configuración espiritual necesaria para comprender lo infinito, estiré la mano para examinar el objeto y todo oscureció.
Sentí un temblor y abrí los ojos, pude divisar la pila de ladrillos cerca del muro y los los árboles del patio entre la oscuridad. Ya era de noche y Estevan estaba en una reposera a mi derecha, dijo que quedé dormido durante una charla sobre el ajedrez y me despertó por la gran noticia que vio en Instagram: "Argentina acaba de legalizar un programa que permite el autocultivo medicinal y terapéutico de marihuana".
Armamos un porro para festejar.
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